martes, 18 de diciembre de 2012

Borges cita


“El mundo es tal vez el bosquejo rudimentario de algún dios infantil, que lo abandonó a medio hacer, avergonzado de su ejecución deficiente; es obra de un dios subalterno, de quien los dioses superiores se burlan; es la confusa producción de una divinidad decrépita y jubilada, que ya se ha muerto”. (Hume, Dialogues Concerning Natural Religion, V, 1779)

En Sobre Chesterton, Borge define a la fe católica como “un conjunto de imaginaciones hebreas supeditadas a Platón y a Aristóteles”. (p. 67) La sentencia es menos despectiva que lúcida, o atinada.
En El primer Wells cita a Spinoza, que escribió que Dios no aborrece a nadie ni quiere a nadie (Ética, 5, 17).
En El idioma analítico de John Wilkins se lee: “no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural. La razón es muy simple: no sabemos qué cosa es el universo”.
En Biathanatos dice que quizás en el libro de Donne se refleja la idea de un Dios que fabrica el universo para fabricar su patíbulo. Arriesgo que la idea es más suya que de Donne. Para saberlo debería leer a Donne. El ensayo (nota, artículo, escrito) de Borges, sigue así: “Al releer esta nota, pienso en aquel trágico Philipp Batz, que se llama en la historia de la filosofía Philipp Mainländer. Fue, como yo, lector apasionado de Shopenhauer. Bajo su influjo (y quizás bajo el de los gnósticos) imaginó que somos fragmentos de un Dios, que en el principio de los tiempos se destruyó, ávido de no ser. La historia universal es la oscura agonía de esos fragmentos. Mainländer nació en 1841; en 1876 publicó su libro Filosofía de la redención. Ese mismo año se dio muerte”.