“El mundo es tal vez el bosquejo rudimentario de algún dios
infantil, que lo abandonó a medio hacer, avergonzado de su ejecución
deficiente; es obra de un dios subalterno, de quien los dioses superiores se
burlan; es la confusa producción de una divinidad decrépita y jubilada, que ya
se ha muerto”. (Hume, Dialogues Concerning
Natural Religion, V, 1779)
En
Sobre Chesterton, Borge define a la
fe católica como “un conjunto de imaginaciones hebreas supeditadas a Platón y a
Aristóteles”. (p. 67) La sentencia es menos despectiva que lúcida, o atinada.
En
El primer Wells cita a Spinoza, que escribió que Dios no aborrece a nadie ni
quiere a nadie (Ética, 5, 17).
En
El idioma analítico de John Wilkins
se lee: “no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural.
La razón es muy simple: no sabemos qué cosa es el universo”.
En
Biathanatos dice que quizás en el
libro de Donne se refleja la idea de un Dios que fabrica el universo para
fabricar su patíbulo. Arriesgo que la idea es más suya que de Donne. Para
saberlo debería leer a Donne. El ensayo (nota, artículo, escrito) de Borges, sigue
así: “Al releer esta nota, pienso en aquel trágico Philipp Batz, que se llama
en la historia de la filosofía Philipp Mainländer. Fue, como yo, lector
apasionado de Shopenhauer. Bajo su influjo (y quizás bajo el de los gnósticos)
imaginó que somos fragmentos de un Dios, que en el principio de los tiempos se
destruyó, ávido de no ser. La historia universal es la oscura agonía de esos
fragmentos. Mainländer nació en 1841; en 1876 publicó su libro Filosofía de la redención. Ese mismo año
se dio muerte”.